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Comprensión y expresión

La motivación como denominador común

Autor: Top Rank Pros (fuentes)

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(*) La persona que habla o escribe suele parecer que es la persona activa, y la persona que escucha o lee es un receptor pasivo. La cuestión no es tan fácil. Escuchar y leer lo recibido son actividades que requieren concentración y empleo de nuestras capacidades cognitivas. El modo del habla influye tanto o más que el «qué» se habla. Escuchamos como posibles oradores y leemos como posibles escritores. Se escucha y se lee para poder adquirir fórmulas que caracterizan el grupo al que queremos formar parte. Ésta es una de las causas de formación de los lenguajes profesionales específicos y de los argots de los diversos grupos sociales. 

La motivación es fundamental. Mejoramos nuestra expresión si tenemos la voluntad de integrarnos en un grupo o adquirir un estatus social donde se utiliza el lenguaje no solamente a nivel ejecutivo o funcional básico, sino también de forma instrumental y epistémica. De la misma manera que en la infancia la manera de habla de los padres influye en la adquisición del lenguaje oral, a lo largo de la vida imitamos los estilos de habla y escritura de las personas y los grupos al que queremos asemejarnos. La importancia de los modelos que escogemos es evidente. 

El contenido y la forma, el qué y el cómo, se dice o se escribe forman una unidad indisoluble. De la misma manera, escuchar-leer y hablar-escribir están íntimamente unidos. No podemos separar la compresión de la expresión.  Pero centrándonos en la compresión dado que la expresión continue múltiples formas válidas de presentarse, todas aceptables, cómo podemos medir la comprensión según las investigaciones psicológicas:

– Entender las palabras en la aceptación conveniente al contexto.

– Identificación de las palabras que contienen la información clave.

– Seleccionar las ideas fundamentales de las accesorias. 

– Identificar la estructura del discurso o texto.

– Entender la intención del autor, en ocasiones implícita.

– Supervisar la compresión, emitir hipótesis alternativas que después pueden ser rechazadas.

– Anotar texto, tomando notas de una expresión oral.

– Relacionar la información obtenida con otros conocimientos o vivencias. 

– Si es necesario, reforzar, cambiar, matizar, o reorganizar los conocimientos preexistentes. 

Esta lista se analiza el complejo proceso de compresión. Todas las acciones descritas las hacemos en muchas ocasiones de forma inconsciente. No son acciones sucesivas dado que no tienen un orden marcado. 

Hay que dar entrada a nuevo conocimiento, sin dejarnos manipular. Dar sentido al que leemos o escuchamos, relacionarlo con las situaciones vividas y con otra información, pero siempre dejando que el texto nos transmita o quien habla diga a su manera y forma, no proyectando directamente nuestros pensamientos. Hemos de estar abiertos a ser convencidos, a ampliar, cambiar o retocar nuestras ideas, lo que ya sabíamos. Sin caer en el conformismo de pensamiento de otros. Hemos de hacer nuestro el texto partiendo de la premisa que la tarea de relacionar la información recibida con nuestros conocimientos no se acaba nunca definitivamente. 

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