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La gestión de la morosidad

Más allá del área de riesgos de entidades financieras

Autor: Top Rank Pros (fuentes)

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Habitualmente, en los medios de comunicación se suele asociar el concepto de morosidad al negocio bancario haciendo mención a como su evolución afecta a las entidades financieras, así como indicador de la salud económica de un país.
 
Como sabemos, el concepto de morosidad vincula a toda aquella organización que en el desarrollo de su actividad económica cuente con una parte de sus flujos de cobro aplazados en el tiempo, debiendo confiar en la capacidad de pago de sus clientes, generando con ello el riesgo de crédito. Aunque es cierto que este riesgo se genera en cualquier actividad económica con independencia de su tamaño, desde un pequeño comercio de barrio que decide que un cliente le pague la compra al día siguiente hasta una corporación del IBEX35, lo cierto es que en las entidades financieras constituye un factor clave considerando el peso en las mismas de la actividad crediticia.
 
Éstas deben hacer frente a otros tipos de riesgo como por ejemplo el riesgo de tipo de interés o el fluctuación de los mercados financieros, aunque el riesgo de crédito constituye pieza fundamental en la gestión de cualquier entidad considerando el elevado peso en sus balances de la actividad crediticia de las mismas y lo delicado que puede resultar en ocasiones encontrar el justo equilibrio entre crecimiento de la cartera crediticia concedida y la calidad de la misma. Mas considerando la tentación en la que se puede caer al priorizar la bonanza a corto plazo de la cuenta de resultados de una entidad siendo laxos en la concesión de riesgo, a costa de incertidumbres a futuro sobre el comportamiento de esas financiaciones concedidas.
 
En este sentido, la cultura bancaria cuenta con un mantra que lamentablemente no siempre se ha aplicado y por el cual, se consideraba que cualquier entidad financiera podía aplicar dos estrategias de crecimiento; la conservadora o la mala, aunque todos sabemos que en los últimos años esta idea no siempre se ha respetado, especialmente en ciclos económicos expansivos en los cuales la demanda de crédito era muy fuerte y ninguna entidad financiera quería quedarse atrás en el crecimiento del negocio.
 
Las entidades, sin embargo cuentan con instrumentos para controlar la evolución de las tasas de impago, entre las cuales evidentemente, en la fase inicial, la aplicación ortodoxa de las normas de concesión desde el punto de vista del cumplimiento de las directrices de salud financiera de sus clientes; desde el punto de vista de la estructura financiera (nivel y estructura de endeudamiento, calidad de la deuda, capacidad de devolución, diversificación de las fuentes de financiación) a la evolución económica (evolución de ventas y márgenes, estructura de costes o rentabilidad sobre ventas entre otros). Pero también en la fase de concesión y con objeto de reforzar una concesión de calidad, se aplican metodologías basadas en el cumplimiento de criterios cualitativos, que analizan desde el capital humano, al posicionamiento de mercado, previsión del mercado, dependencia de materias primas, clientes o proveedores,  posibles impactos por cambios regulatorios o tecnológicos, comportamientos históricos o recientemente criterios ESG, los cuales analizan las políticas aplicadas por una organización desde el punto de vista de protección medioambiental, responsabilidad social y gobernanza.
 
Además, en aplicación de otro gran mantra del área de riesgos de las entidades financieras, el seguimiento del comportamiento de la cartera crediticia ya concedida constituye pieza fundamental en la gestión del riesgo de crédito al corresponder a riesgo ya concedido y por lo tanto, susceptible de poder entrar en morosidad. Esta idea ha llegado a las entidades a desarrollar grandes métodos de supervisión del comportamiento de la cartera crediticia, inculcando en los empleados de las áreas de riesgo la importancia de esta labor e implantando sistemas que pueden llegar a predecir impagos gracias al análisis de variables de comportamiento de sus clientes, hasta el punto que estas labores se desarrollan de forma sistemática en todo momento y se priorizan frente a las labores de análisis de nuevas operaciones.
 
Estos sistemas, se basan en herramientas que cuentan con alertas de seguimiento con objeto de analizar el comportamiento de los clientes intentando abarcar toda la actividad de los mismos e identificando cambios en aspectos como la evolución de los estados financieros, cambios en las estructuras de endeudamiento, evolución y comportamiento del endeudamiento contraído con otras entidades, cambios accionariales o en la  dirección de la compañía, reducción del nivel de ingresos o de ahorro en particulares, etc.
 
Estas cuestiones son analizadas en sistemas de alertas sistemáticos de recurrencia diaria, la gestión de las cuales son la prioridad diaria en la labor de los integrantes de los equipos de las entidades financieras.
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